¿Por qué el plebiscito?

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Gabriela Polit

Hace unos años, en su visita por esta universidad, Francisco Thoumi dio como una de las explicaciones a la rápida expansión del narcotráfico en su país, el hecho de que Colombia no había logrado construir una idea hegemónica de nación. Atribuía a esa carencia el que no hubiese un vínculo moral que sancionara la actividad ilícita. Thoumi se refería a ese poder simbólico que se produce y reproduce desde el estado y que hace que la gente de un determinado territorio se identifique como parte de una nación que los hace iguales en sus valores y derechos. Esa carencia explicaba que el uso de la violencia por grupos particulares que quieren conseguir algo, ha estado presente y ha operado con una legitimidad no hablada durante toda la vida republicana de Colombia. Aunque la propuesta era sugerente, el término nación sonaba muy parecido a la idea de “comunidad imaginada” de B. Anderson, que a mi entender, poco aclaraba el problema del narcotráfico del siglo XXI.

Después del estupor por los resultados del domingo, de la desazón de estos días, recordé la explicación de Thoumi: esa carencia de una idea de nación. Quizá eso era lo que Juan Manuel Santos buscó con el plebiscito. No había figura legal interna o internacional que exigiera al Presidente convocar a una consulta popular. Es más, expertos  dicen que estadísticamente las posibilidades de una victoria en una consulta de este tipo era muy baja.

¿Qué hizo, entonces a Santos tomar la decisión de pasar un proceso de cuatro años por el colador de una consulta popular? ¿Qué lo llevó a hacerlo a sabiendas de que su gobierno no goza de popularidad? ¿Buscaba acaso, no solamente abrir el camino para la paz, sino hacer que la paz se convirtiera en el proyecto de nación (como la describió Thoumi)? Esta vez legitimada por el voto democrático de una república moderna ¿que se diera la oportunidad de imaginar vivir en paz? Buscaba acaso, que la Colombia remota, el no país dentro del país, el de los lugares más afectados por la violencia no solo reconociera la firma de un tratado entre el Jefe de estado y el líder de la guerrilla más antigua del hemisferio, sino que ¿lograse reconocerse en la manifestación general de una voluntad por la paz? Que todos fueran reconocidos como ciudadanos que merecen vivir en paz (Colombia es le país de mayor desplazamiento interno en el mundo).

El plebiscito era el primer paso para reconocer que los intereses individuales no pueden reclamarse con las armas. El Sí por la Paz no era solamente aceptar el tratado con las FARC, sino aceptar los retos de un compromiso de paz como nación.

Para algunos analistas, la convocatoria al plebiscito fue algo menos idealista, era la manera en la que Santos llamaba a un duelo personal a su adversario Álvaro Uribe. Un duelo narcisista entre la derecha de antaño, arraigada en la historia de desigualdades del país a la que él representa y la nueva derecha, representante de las fuentes de desigualdad más recientes y los valores de los nuevos dineros de la ultraderecha populista de Uribe. En este terreno, Santos perdió.

La campaña del Sí no fue clara, quizá porque la carga simbólica de la pregunta llevaba implícitamente estas cuestiones: el tratado firmado con las FARC, el compromiso a la paz que iba más allá de esa firma y una afirmación al gobierno de Santos. Al estar estas preguntas implícitamente sobrepuestas, hubo poca claridad en la información sobre la consulta. Se escuchó más sobre los curules que se les daba a las FARC en el congreso, y no sobre  los verdaderos logros de acuerdo: devolución y repartición de tierras en las zonas de conflicto, desmovilización de gente en el campo; el primer paso a la integración de estas zonas que han estado bajo control de la guerrilla; la posibilidad de las víctimas de encontrar los cuerpos de sus seres queridos desaparecidos por el conflicto. Perdió el Sí además, por un pésimo accionar de las encuestas,  y por su puesto, un bombardeo en las redes sociales de mala información por parte de los adversarios que competía a la par que la verdad del contenido del convenio que correspondía aclarar a la prensa y al Sí (algo parecido a la campaña por la presidencia actual).

En la lógica de que el plebiscito buscaba constituir una idea de nación en la que se reconoce más la violencia privada como el camino para reclamar derechos. En ese contexto llama la atención la altísima abstención de votos. Quizá esa es la manifestación fehaciente del más de medio siglo que el país lleva en guerra.

Si la literatura es, como explicó Anderson, un bastión fundamental para imaginar la nación, eso explica las decenas de frases de García Márquez que se usaron de lado y lado en la firma del acuerdo el 26 de septiembre. El es el escritor colombiano que imaginó la paz. La derrota del Sí en cambio, nos devuelve a lo que colombianos y extranjeros repetimos como la frase que define la Colombia del siglo pasado y lo que va de este, que José Eustacio Rivera escribiera a propósito de la explotación del caucho, con la que Arturo Cova comienza su relato “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”. (Rivera escribe la violencia con mayúscula).

La derrota del Sí se convirtió en el capital político de la ultraderecha. Como todos tenemos memorias cortas cuando llega el momento de ir a las urnas, no importó que el vocero del NO que reclamaba castigo ‘justo’ para la guerrilla fuera quien, siendo gobernador de Antioquia, diera carta blanca al quehacer de los paramilitares en su provincia, enviando un mensaje claro e implementando una política local que legitimaba el uso privado de las armas para combatir la guerrilla. También quién años más tarde, integrara a los paramilitares – en cuyas manos murieron miles de colombianos – a la vida civil, sin los castigos que merecían. Y que lo hiciera bajo el amparo de una ley llamada “Justicia y Paz”. Así es el juego de la política y la victoria del NO fue la victoria de la ultraderecha irresponsable con las víctimas, e irresponsable con el país. A este grupo la idea de una nación que reconozca que el uso privado de la fuera armada no es la manera de construir democracia, parece tenerle sin cuidado.

La derrota de Sí fue el triunfo de la ultraderecha.

La derrota del plebiscito fue la abstinencia de los colombianos.

GABI

Gabriela Polit
Profesora Asociada
Departamento de  Español y Portugués
LLILAS Benson Colecciones y Estudios Latinoamericanos

 

 

 

 

 

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One comment on “¿Por qué el plebiscito?
  1. samuel gomez says:

    Excelente explicacion que haces con respecto al plebiscito. La derrota del Sí se convirtió en el capital político de la ultraderecha. La derrota del plebiscito fue la abstinencia de los colombianos, lamentablemente.

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